¿Trabajadoras sexuales? NO: explotadas sexualmente

El feminismo y las mujeres hemos dado un paso de gigante desde las que fueron pioneras. Las mujeres avanzamos con paso firme y no queremos que ninguna se quede atrás, ninguna. Las jóvenes muestran un ímpetu impresionante y cada vez hay más hombres que se declaran feministas. Y aunque aún queda un largo camino por recorrer, estamos en todos los espacios y en todos ellos reivindicamos, las feministas, otras formas de hacer: ejercer el poder y la toma de decisiones, sí, pero ya no vale todo, queremos hacerlo desde lo femenino y hoy contamos con referentes en cantidades industriales.

En este ejercicio desde lo femenino me detengo en las mujeres que se encuentran en situación de prostitución, mujeres que históricamente han sido consideradas los arrabales de la historia por quienes hacían uso de sus servicios, puteros y proxenetas, que se permitían y se permiten humillarlas, violarlas, encerrarlas, matarlas. Tampoco es que en esa cuestión las cosas hayan cambiado mucho, lo que si ha cambiado es la percepción que la sociedad tiene hacia ellas, o eso quiero pensar.

Hoy, muchos y muchas consideramos que la prostitución no es un trabajo, por lo cual no vale eso de trabajadoras sexuales: Son mujeres que sufren explotación sexual y eso es una forma de violencia de género, que atenta contra su libertad y su dignidad, que las cosifica y las mercantiliza, que convierte sus cuerpos en mercancía a disposición del mejor postor, y ya se sabe: quien paga manda. Las leyes del mercado establecen sus criterios y la oferta y la demanda marca el valor de la mercancía y así, como quien va a comprar cualquier otra cosa, se escoge a una mujer, por 15 minutos, por media hora, una hora,…y durante ese tiempo, dure lo que dure, su exposición a las violencias aumenta exponencialmente.

La crisis del COVID-19 las ha azotado fuerte y muchas de ellas, habiendo cerrado clubs y pisos, se ven en la calle con una maleta y con lo justo para sobrevivir unos días o ninguno. Su supervivencia depende en buena medida de las redes de apoyo que se han ido tejiendo entre ellas y las asociaciones de la sociedad civil que trabajan con el colectivo desde hace años.

Este es el caso de los equipos de Mujeres en Zona de Conflicto (MZC), una ONGD española que se declara feminista y abolicionista.

MZC trabaja con víctimas y supervivientes de la Trata de personas con fines de explotación sexual y con mujeres en situación de prostitución. Las usuarias que hasta la declaración del estado de alarma estaban acogidas a los proyectos y programas de MZC, como la gran parte de este colectivo, han visto multiplicada su vulnerabilidad, en medio de la mas absoluta invisibilización.

Desde MZC y desde otras organizaciones de la sociedad civil, se continua con las asistencias, en el caso de esta organización se mantiene con ellas el contacto a través de teléfono y presencial si es necesario. Pero esto es insuficiente, pues estas organizaciones en general carecen de los medios necesarios para abordar las necesidades imperiosas que en estos momentos demanda el colectivo.

Una gran parte de ellas están literalmente en la calle, otras continúan en asentamientos carentes de todo servicio mínimo, como es el caso de muchas mujeres en las provincias de Huelva y Almería, donde la prostitución y la esclavitud sexual campea con la mayor impunidad. La mayoría son mujeres migrantes sin documentación, provenientes de países golpeados por la pobreza, la pobreza extrema o la guerra. Su situación de indocumentadas acrecienta en sobremanera su ya extrema fragilidad.

Ni la clase política ni la sociedad deberíamos mirar hacia otro lado ante la situación límite de las mujeres en situación de prostitución, pues hacerlo supone un atentado contra los derechos humanos, pues lo que está en juego es su vida y su seguridad.

Es necesario que las medidas de protección social que el gobierno de España está implementando, para aquellas personas que se han visto afectada por la tragedia humana, social y económica que está suponiendo la crisis del COVID-19, alcancen al colectivo de las prostitutas, que si o si forman parte de nuestro colectivo social.

Ninguna se puede quedar atrás.

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