Afganas

Estaban a las puertas de Kabul y este domingo 15 de Agosto, los talibanes han tomado la ciudad, el último bastión que les quedaba para controlar todo el país, un país que llevaba dos décadas faenando para construir una democracia y preservar las libertades, y en ese arduo camino las mujeres han sido un puntal para la esperanza.

Los talibanes se han comprometido a una transición pacífica en las infructuosas conversaciones con líderes occidentales este mes de agosto en Doha, y preguntados por las garantías que tenían las mujeres y las niñas de que sus derechos fueran respetados, aseguraron que seguirían teniendo los mismos derechos de acuerdo con la ley islámica, incluido su acceso al trabajo y a la educación  en todos los niveles. Sin embargo, en las ciudades que ya han sido tomadas por los talibanes, las mujeres han visto un retroceso importante  en sus derechos. 

Las mujeres de Afganistán levantan su voz para que no las dejemos solas, porque saben muy bien a lo que se exponen, no son nuevas en esta fiesta funesta y el mundo entero debería temblar y actuar ya, al ver a las adolescentes en la calle reclamando/exigiendo/proclamado que con sus derechos no se juega. Son una generación que han nacido y crecido en un espacio de construcción de libertad y guardan la memoria del horror por el que pasaron sus  madres, sus abuelas o sus hermanas mayores.

Todas las mujeres del mundo estamos hartas de asistir a la vulneración de nuestros derechos ante el silencio cómplice de la comunidad internacional. En este caso son los integristas talibanes, que justifican la sistemática conculcación de los derechos de las mujeres y las niñas, parapetándose en el nombre de un dios hecho a la medida de su fatal misoginia, convirtiendo las vidas de ellas en un paisaje de miseria y oscuridad.

Como mujer, como ciudadana del mundo y como feminista, exijo al gobierno de España y a la comunidad internacional en su conjunto que active cuantos mecanismos sean necesarios para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres y las niñas afganas, en lo público y en lo privado; que negocie con los talibanes para que las fronteras permanezcan abiertas para que cualquier persona que quiera salir del país pueda hacerlo; que las mujeres y niñas que salgan de Afganistán sean consideradas refugiadas y gocen del derecho de protección internacional.

Esto solo es mi voz y puede que únicamente sea leída una o diez veces, da igual, porque yo formo parte de millones de voces de mujeres de todos los rincones del planeta, voces feministas diversas y múltiples, unidas en la seguridad de que si nos tocan a una, nos tocan a todas. Y somos muchas. Y no nos vamos a callar.

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